¿Abogados en peligro? El algoritmo que detecta riesgos legales ya está en el mercado

Ecix Group lanza MIA, un robot que funciona con inteligencia artificial capaz de detectar los incumplimientos de la ley en la documentación de las compañías. En su diseño, han participado matemáticos de la Universidad Complutense

La interfaz de MIA, en tonos verdes y blancos, tiene la apariencia de un antivirus. No es casualidad. Sus diseñadores, de hecho, asemejan su funcionamiento al de estos programas. «El antivirus anticipa un tipo de amenaza, la de los virus informáticos, y MIA sirve para prevenir otra clase de riesgo, el de una investigación o una sanción por incumplimientos legales», describe Álvaro Écija, socio director de Ecix Group, la empresa creadora. Este robot, en resumen, hace el trabajo de un abogado. O, mejor dicho, el de un equipo entero de abogados.

¿Dificultará su comercialización quien vea en él una máquina que viene a quitar el trabajo a los profesionales del derecho? «Sí. Al principio crea cierto rechazo», admite Écija, aunque él mismo le resta importancia. «Es lo habitual cuando se producen este tipo de avances tecnológicos, pero, a la larga, su utilidad se acaba imponiendo».

A través de inteligencia artificial, MIA tiene la capacidad de leer y analizar en cuestión de horas toda la documentación de una compañía, entidad u organización para examinar si cumple con la normativa en vigor. Una vez hecha esta radiografía, emite una evaluación que contiene la siguiente información. En primer lugar, indica si los contratos, estatutos o protocolos corporativos respetan la ley. En caso contrario, señala al usuario, exactamente, qué norma está incumpliendo (por ejemplo, el Reglamento General de Protección de Datos).

Captura de pantalla del robot MIA en funcionamiento.

Por último, advierte del nivel de amenaza al que se expone la organización; es decir, cuántas sanciones se han puesto por dicho incumplimiento (lo que permite conocer si es una irregularidad muy perseguida o no por las autoridades) y la cuantía media de las mismas. «A día de hoy, MIA diagnostica, pero no propone tratamiento. Es decir, para las soluciones ya hace falta la intervención de un abogado. En el futuro aspiramos a que sea capaz de proponer una solución para reparar el incumplimiento e, incluso, de aplicarlo por ella misma», avanza Écija.

MIA es el resultado de casi siete años de trabajo conjunto entre Ecix Group, firma de servicios legales (a caballo entre consultora y despacho) que ofrece soluciones con una importante base tecnológica, y la Universidad Complutense de Madrid. El 30 de abril de 2015, Álvaro Écija mantuvo un encuentro con Javier Yáñez, catedrático de Estadística e Investigación Operativa de la Facultad de Ciencias Matemáticas, para plantearle que quería desarrollar una herramienta que permitiera predecir los problemas legales. «Después de leer ‘Historia del Tiempo. Del Big Bang a los agujeros negros’, de Stephen Hawking, y comprobar cómo los físicos habían logrado reducir a fórmulas el mundo, me pregunté: ¿por qué no ponerle también números al derecho? Así que contacté con una de las mejores facultades de matemáticas para ver si podían ayudarme a darle respuesta», relata Écija.

De izquierda a derecha: Javier Montero y Javier Yáñez; Álvaro Écija; Daniel Vélez; Alberto Díaz, y Javier Naharro. (Alejandro Martínez Vélez)

Yáñez cuenta que, desde el principio, le sorprendió la claridad con que el abogado le planteaba el reto. «Cuando una empresa se sienta con un matemático, pueden pasar varios meses hasta que este entiende bien el problema. Sin embargo, aquí todo resultó mucho más rápido y fluido». Por parte de la universidad, también se involucraron en el proyecto Javier Montero, también catedrático de Estadística e Investigación Operativa y vicerrector de Ordenación Académica; Alberto Díaz, profesor titular de Informática, y Daniel Vélez, profesor titular de Matemáticas. Dos años más tarde, en 2017, empezó el trabajo técnico para convertir los textos legales en números y fórmulas.

¿Cómo es capaz MIA de analizar los documentos y determinar si estos cumplen o no con la ley? Como describen Alberto Díaz y Daniel Vélez, a través de distintos algoritmos y redes neuronales de ‘deep learning’ y técnicas de procesamiento de lenguaje natural, la máquina lee los textos legales de la empresa, extrae los elementos que los componen y los convierte en información estructurada. Posteriormente, coteja esos elementos con los requisitos contenidos en la normativa y determina si estos la respetan, ya sea de forma total o parcial. Para ello, MIA ha sido alimentada con miles o decenas de miles de contratos, con normas de todo rango y las resoluciones de los principales organismos reguladores y sancionadores. De momento, es capaz de evaluar protección de datos, ‘compliance’, laboral y tributario; en el futuro, sus creadores aseguran que podrán ampliar a nuevas materias.

Ambigüedad

Una de las «grandes fortalezas» del robot, subraya Díaz, es la capacidad de comprender los textos, aunque estos hayan sido redactados de forma poco precisa. «Tras leer muchos documentos legales, creo que puedo afirmar que los abogados son muy ambiguos al expresarse», comenta el informático. Un método de redacción que, sin embargo, han conseguido que MIA sea capaz de salvar. «Lo que haría polvo al motor sería la ironía», completa Vélez —es decir, palabras o afirmaciones que quieren decir lo contrario de lo que significa su tenor literal—, «afortunadamente, este es un recurso que no se emplea en los documentos corporativos». En contra de la idea general, Javier Montero razona que matemáticas y derecho no son disciplinas tan alejadas, por lo que la interacción entre sus profesionales no resulta en absoluto extraña. «Los teoremas matemáticos, en esencia, son algo muy cercano a lo que es una ley. Las normas no son fórmulas, pero tienen una lógica interna, son comprensibles y, por tanto, , es posible trasladarlas a un algoritmo».

Imagen del robot MIA en funcionamiento.

Como todo proyecto científico, MIA ha contado con cuatro fases diferenciadas: en primer lugar, el planteamiento del problema; en segundo término, su estudio e investigación; posteriormente, el desarrollo de la herramienta, y, finalmente, su explotación, etapa que se inició hace apenas unas semanas. «Pero es un robot que ha sido creado con la idea de escalar. Es decir, queremos poder enseñarle otras materias, otras normativas, que sea aplicable en otros países… Es un proyecto de largo recorrido», explica Javier Naharro, CTO de Ecix Group.

Bértol Gorospe, director de Desarrollo de Negocio de Ecix, describe así la reacción de las primeras empresas a las que exponen la herramienta. «Lo primero que te dicen cuando les explicas su funcionamiento es: ‘Es imposible’. Después, se hace un silencio sepulcral y alguno pregunta: ‘¿Pero nos va a quitar el trabajo?’. Y nuestra respuesta siempre es la misma: ‘¿Ha quitado la máquina de rayos X el trabajo a los médicos?’. ¡Todo lo contrario! Lo ha mejorado». De hecho, en su opinión, MIA liberará a muchos abogados de tareas rutinarias, como revisar documentación, y les permitirá concentrarse en aquello que realmente aporta valor. Además, minimiza las probabilidades de fallo, «porque su precisión es la misma cuando lleva una hora trabajando o 20, algo que no sucede con los humanos».

Fotografía: Alejandro Martínez Vélez.

En contra de lo que suele dictar el miedo, se suma Javier Yáñez, «la mejora del servicio aumenta la demanda». «Es probable que se transformen algunas de las tareas de los abogados», continúa, «pero estos no desaparecerán». «No tiene sentido tener a cinco o seis letrados leyendo documentos durante ocho horas. Su función tiene que ser hacer propuestas, diagnósticos o dar soluciones; el valor añadido», remata Álvaro Écija. Está por ver si en los despachos y las asesorías jurídicas piensan lo mismo.

En las semanas que lleva en el mercado, desvela el socio director de Ecix Group, han convertido el 13% de las propuestas presentadas de MIA. Un porcentaje que augura que subirá hasta rondar el 33%. «Está dirigido a todo tipo de empresa, organización o entidad, ya sea pública o privada, y de cualquier tamaño; también despachos de abogados», explica. De hecho, uno de sus primeros clientes ha sido un ayuntamiento. No obstante, cree que quienes le encontrarán mayor utilidad serán las compañías de sectores regulados, «porque son quienes tienen una mayor necesidad de cumplir preventivamente».

Al margen de por su utilidad concreta, tanto desde Ecix como desde la Complutense destacan el valor de MIA como un proyecto de colaboración entre empresa privada y la universidad. Écija destaca que la involucración de los miembros de la Facultad de Matemáticas e Informática ha permitido hacer realidad una idea que, de otra manera, habría sido imposible y, además, da un «respaldo fundamental» a la herramienta en el mercado.

Javier Montero destaca que experiencias como esta enriquecen la sociedad, tanto desde el punto de vista de mejora de la vida de la gente como por los avances científicos que habilitan. Yáñez, eso sí, señala que la regulación académica no siempre favorece este tipo de colaboraciones. «Una aplicación de este tipo exige muchísimo tiempo para el universitario, sin embargo, en términos de carrera y currículo, resulta muy poco rentable», detalla el catedrático, que sentencia que sigue habiendo demasiada distancia entre empresa y universidad. Sin embargo, cuando se acercan y vistos los resultados, los frutos pueden resultar muy provechosos.